Una Humanidad
Hace poco viajé a Polonia, y el viaje me dio una nueva perspectiva.
Vi un castillo medieval en Malbork donde alguna vez residieron caballeros cruzados, los restos de un muro de ladrillo que en un tiempo encerró el gueto judío de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial, y una economía moderna floreciente que había superado tanto. La gente de Polonia, su comida, y su cultura vibrante me enriquecerán por el resto de mi vida.

Como abogado de inmigración, he tenido el privilegio de trabajar con personas de todo el mundo. He tenido clientes de China, Nigeria, Francia, Polonia, Chile, Ecuador, México, y muchos más. Después de todas esas interacciones, una cosa me queda clara: cada país, y cada persona, tiene algo maravilloso que ofrecerle al mundo. No acepto la idea de que los inmigrantes son una carga para la riqueza de una nación.
La gente en todos lados anda buscando la felicidad. Anda buscando un lugar que se ajuste a quiénes son, un lugar donde encuentren su sueño y los medios para hacerlo florecer, de la posibilidad a la realidad. Desafortunadamente, a veces la política se atraviesa en el camino de la decencia común.
Los Estados Unidos han entrado en una época de retórica y política anti-inmigrante. Pero la verdad es que se ha estado moviendo en esa dirección desde hace mucho tiempo. Cada año las solicitudes se hacen más largas. Cada año la carga de la prueba se hace más pesada. Cada año el trabajo se hace más difícil. Hace décadas, una solicitud tenía dos páginas, tan sencilla que una persona podía llenarla por su cuenta. Hoy esa misma solicitud tiene veinte. Ahora más que nunca, la gente necesita un abogado de inmigración solo para comenzar el camino.

Es mi firme convicción que todas las personas merecen respeto y dignidad. Estamos hechos del mismo material. Y lo más importante, todos cargamos sueños y un anhelo de felicidad. Es ese anhelo el que impulsa los negocios, la innovación, y la riqueza. Los inmigrantes no le quitan a la riqueza de un país. Se la agregan, muchas veces más.
Las fronteras son una convención a la que nos apegamos, porque traen estructura y orden, y las reglas se deben respetar. Pero nunca debemos olvidar que debajo de todas las reglas y fronteras hechas por el hombre, solo hay una humanidad.